Dossier sobre Sexualidad y Homosexualidad

©Fundación Triángulo 2001

CAPÍTULO 2: SOMOS SERES SEXUADOS

  • Introducción
  • La Sexualidad empieza con la vida
  • El Componente Social
  • Introducción

    La finalidad reproductiva no es más que otro factor de la sexualidad. Pretender que esta función defina la actividad sexual es olvidar que la afectividad también está relacionada con la sexualidad. Nos reproducimos muy pocas veces a lo largo de nuestra vida, tal vez nunca, sin embargo, nuestra capacidad afectiva y sexual está siempre presente. Es cierto que podemos intentar negarnos a nosotros mismos la afectividad y la sexualidad pero ¿a qué coste?

    La sexualidad empieza con la vida

    Hasta hace muy pocos años no se ha llegado a aceptar de forma general que los niños puedan desarrollar interés por el sexo. De forma tradicional se entendía que ese interés nacía en la adolescencia, con la capacidad para reproducirse y que antes de ese periodo el niño carecía de intereses sexuales. De la misma forma, tampoco se aceptaba que los ancianos tuvieran impulsos sexuales. Se calificaba de "viejos verdes" a aquellos que demostraban públicamente cualquier tipo de intención sexual. Sólo a los adultos se les reconocía capacidad sexual, especialmente se atribuía ésta a los hombres, ni siquiera a las mujeres se les llegaba a reconocer con plenitud.

    Sin embargo, estas ideas son erróneas. Cada persona, en cada etapa de su vida tiene su propio modo, su propia manera de vivir la sexualidad, de desarrollar esa faceta que viene determinada por la condición ineludible de ser sexuado. Evidentemente, no es igual la sexualidad de un niño, la de un adolescente y la de un anciano. Todos tienen sexualidad, aunque cada uno la desarrolla de una manera particular y la manifiesta de forma diferente. Si un niño o un viejo limitan sus manifestaciones sexuales es exclusivamente porque en nuestra sociedad no se aceptan estas prácticas en estos grupos de edad.

    Como se puede comprobar la única etapa de la vida en que a los individuos se les reconocía y permitía la sexualidad es en aquel momento en que tenían capacidad reproductiva. Pero sexualidad y reproducción no son términos identificables. Es muy importante subrayar esto. La reproducción no es la función principal de la sexualidad, sino un elemento puntual y concreto que se da en muy pocas ocasiones a lo largo de la vida de las personas. Por ello no es posible identificar ambos términos, aunque en muchos casos se haya pretendido hacerlo.

    Otra característica fundamental de la sexualidad humana es su plasticidad. No existe una sola forma de comportamiento sexual. No es ya que hombres y mujeres actuemos sexualmente de forma diferente, sino que cada persona es única. Cada uno de nosotros es un individuo con una personalidad diferente y característica, y lo mismo sucede con nuestra sexualidad. Cada persona busca cosas diferentes en el sexo, tiene una evolución sexual diferente y sus gustos sexuales también difieren. La sexualidad tiene muchas más implicaciones que las meramente físicas.

    En el sexo cada persona puede buscar objetivos muy diferentes:

  • mero placer físico
  • sentirse amado y comprendido
  • volcar sus sentimientos agresivos
  • estatus social
  • nuevas experiencias que rompan la rutina
  • conseguir objetos estéticos valorados
  • superar un complejo de inferioridad
  • etc..
  • No todos valoramos los comportamientos sexuales de la misma forma, ni llegamos a conseguir placer por los mismos medios. Por ello es importante resaltar que cada sujeto tiene el derecho y el deber de vivir su sexualidad como desee, como le sea más gratificante, eso sí, siempre que le enriquezca como persona y respete los deseos de los demás individuos implicados.


    El componente social

    El comportamiento sexual efectivo de los individuos siempre ha estado limitado por los usos y costumbres de cada grupo social concreto. En nuestra sociedad, y en todas las sociedades, el sexo siempre ha estado unido con los compromisos sociales, matrimoniales (contrato matrimonial) y reproductivos, limitando el libre desarrollo de los deseos sexuales de los individuos. Como también ya veremos con más detenimiento, la sexualidad ha sufrido un importante proceso de codificación social. Ésto, como indicábamos, no es particular de nuestra sociedad, pero si lo es la forma determinada y el valor concreto que atribuimos al sexo en nuestras vidas.

    Según nuestra cultura un individuo sólo puede ser considerado adulto y valorado cuando cumple estos tres requisitos:

  • es heterosexual
  • ha procreado
  • mantiene un comportamiento monógamo.
  • Toda conducta social/sexual que no se adapte a estas normas es considerada marginal o inmadura. Es la educación y esta presión social la que hace que los individuos adapten su sexualidad a la norma social imperante, en nuestro caso la heterosexual-reproductiva. La cultura, la religión y, hasta la economía, han intentado poner el sexo a su servicio, limitando de esta forma la libertad de actuación de los individuos en la búsqueda del placer sexual y afectivo. Es importante señalar que no todas las sociedades son igualmente rígidas, ni dejan la misma libertad de actuación individual. Esto, como veremos, depende de múltiples factores.


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    Capítulo siguiente
    -1.La sexualidad es más que sexo--2.Somos seres sexuados--3.De dónde nace el concepto--4.Mujeres y hombres- 5.Teorías--6.Valoración teórica--7.Rasgos comunes- 8.Una nueva socialización--Bibliografía y enlaces-
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    La sexualidad está presente en todos nosotros durante toda nuestra vida, desde nuestro nacimiento hasta la vejez.

    El individuo es siempre sexuado y separar o tratar de forma específica su sexualidad es teorizar sobre una falacia: la personalidad, la corporalidad y la sexualidad están siempre íntimamente relacionadas. En definitiva, somos seres sexuados, nos guste o no.