Los conceptos sociales son las herramientas que utilizamos para
interactuar con el medio social y físico en el que nos
desenvolvemos. Es la sabiduría que no hemos tenido que
aprender de la experiencia, la que se ha implantado en nosotros
mediante la transmisión oral o el aprendizaje vicario,
es decir, observando y escuchando a los demás. Estos conocimientos
son muy útiles para nosotros ya que evitan que cometamos
importantes y peligrosos errores al enfrentarnos con el mundo
físico y social. Pero estas ventajas también tienen su contrapartida;
no siempre estos conceptos responden a una realidad objetiva y
útil, sino que al ser construcciones sociales que se implantan
en el individuo desde la primera infancia limitan claramente la
forma que tiene éste de conocer la realidad que le rodea.
Es lo que habitualmente se conoce como "prejuicio",
es decir, valoraciones realizadas sin que medie una experiencia
previa directa.
Es importante aclarar esto antes de pasar a analizar
el concepto que nuestra sociedad tiene de las personas homosexuales
y de su forma de vida, es decir, de las características específicas
que socialmente se atribuyen a estas personas por el simple hecho
de sentir atracción sexual por otras de su mismo sexo.
Los agentes de socialización
Nuestra mente funciona, como ya hemos explicado,
mediante ideas tipo o conceptos aprendidos. Estos conceptos o
ideas los interiorizamos principalmente dentro del grupo familiar,
desde el mismo momento de nuestro nacimiento y, por lo tanto,
la mayoría de ellos son los que nuestro grupo familiar
más cercano valora como adecuados. La escuela y los amigos también
tienen un papel importante de forma posterior en su conformación.
Podemos decir que la familia, la escuela, y los amigos son nuestras
fuentes básicas de socialización. Por lo menos esto
era así hasta hace pocos años. Desde que existen los medios
de comunicación de masas, éstos tienen también un
importante papel en la transmisión de ideas y, por lo tanto,
también en la construcción que hacemos de la realidad
que nos circunda.
No importa hasta que punto son útiles
o reales los conceptos que hemos interiorizado, simplemente nuestra
mente los guarda para el momento en que podamos necesitarlos.
Por supuesto no todos los conceptos se graban en nuestra mente
con la misma intensidad. Unos son fáciles de modificar
por el propio individuo, como por ejemplo las costumbres en el
vestir, pero otros son mucho más difíciles de borrar
o alterar. Lo relacionado con el ámbito sexual es un buen
ejemplo de este último tipo de conceptos. Desde pequeños
se nos enseña que el sexo es algo fundamental en nuestra
sociedad, que es un elemento de primerísima importancia.
Aprendemos en consecuencia que existen grandes castigos para todos
aquellos que se atreven a transgredir el sistema normativo que
rodea a lo sexual.
El peso del sistema normativo cultural en los
individuos es absoluto. Somos la consecuencia de nuestra cultura,
nuestra libertad personal esta seriamente limitada por ella. Y
esto es así hasta el punto de que no somos ni siquiera
conscientes de nuestras propias limitaciones. Cogemos el tenedor
sin plantearnos que podríamos comer con otro tipo de instrumentos
o tal vez con las manos, nos comemos una gamba pero nunca nos
comeríamos un saltamontes... Si la influencia de la cultura
sobre los individuos es tan importante en cosas tan nimias...
¿qué decir del caso de la sexualidad que es uno
de los principales valores de nuestro sistema cultural?
Construcciones
teóricas y prejuicios
Hay que tener en consideración también
que los conceptos que habitualmente manejamos, y especialmente
los relacionados con la sexualidad no responden a una realidad
objetiva, varían en el tiempo y son específicos
de cada cultura. Sin embargo, para cada individuo son fundamentales,
le sirven para valorar las actuaciones de los demás y para
guiar las propias. Desde pequeños hemos aprendido a distinguir
lo que está bien de lo que está mal, lo normal de
lo anormal. Posteriormente nuestra propia experiencia vital hará
que revisemos este sistema normativo y aceptemos aquellas pautas
que nos parezcan correctas o útiles y desechemos las que
consideremos inútiles o ineficaces.
En el caso concreto de la sexualidad todos, homosexuales
y heterosexuales, hemos interiorizado los mismos conceptos y,
por lo tanto, los mismos prejuicios contra la homosexualidad que
existen en nuestra sociedad. Uno de los principales es la identificación
entre homosexualidad y perversión, anormalidad o enfermedad.
Otro prejuicio importante es la identificación de las personas
homosexuales con el género contrario al que realmente poseen,
a un hombre homosexual se le atribuyen comportamientos femeninos
y a una mujer masculinos.
Esta impronta cultural se graba en lo más
profundo de nosotros mismos impidiéndonos valorar con ecuanimidad
los comportamientos que se salen fuera de la norma. Por otro lado
esa misma sociedad tiene un segundo sistema de control de los
individuos mediante el cual literalmente castiga a aquellas personas
que se saltan las normas, imponiéndoles penas progresivamente
más graves dependiendo del grado de importancia que la
sociedad atribuye a las leyes transgredidas. La combinación de
ambos elementos, control interno y control externo, limita la
posibilidad de actuación sexual efectiva de los individuos, imponiéndoles
el cumplimiento de la norma heterosexual-reproductiva, la adecuada
y deseable según nuestro sistema cultura.
Causas principales
de la visión negativa de la homosexualidad
Cualquier comportamiento no heterosexual y, por
lo tanto, toda persona con deseos homosexuales, transgrede diversas
reglas y pone en cuestión importantes valores en los que
se apoya nuestra sociedad. Fundamentalmente éstos:
transgrede la norma reproductiva
interfiere el contrato matrimonial clásico y el sistema
de herencia consecuente
se enfrenta a la normativa religiosa de nuestra cultura (es
considerado "pecado".)
confunde la norma sobre reparto de roles sexuales en que se
basa nuestra organización social del trabajo.
no hay definido un rol en nuestra sociedad al que estas personas puedan acogerse. No hay normas sobre cómo actuar
o cómo vivir, lo que implica la inexistencia de una forma
"correcta" de comportarse
confunde la idea de los sexos y sus caracteres activo/masculino
pasivo/femenino, y especialmente cuestiona la norma patriarcal
según la cual el hombre-heterosexual-padre-activo detenta
el poder familiar y social.
La libre aceptación de la homosexualidad interfiere
el complejo sistema de valores en el que se fundamenta nuestra sociedad,
y por lo tanto la norma cultural lo ha rechazado.
Sin embargo, prácticamente todos estos valores
están siendo puestos en cuestión en la actualidad.
Muy probablemente esta sea la razón por la que la homosexualidad
y en general las prácticas no reproductivas empiezan a valorarse
menos negativamente. De alguna forma el movimiento feminista comparte
muchos de los objetivos por los que luchan los movimientos de liberación
homosexual ya que, en el fondo, ambos chocan contra el sistema normativo
patriarcal que subyace a nuestro sistema social.