Transmisión del VIH
Para prevenir la infección por VIH es necesario
conocer cuáles son sus vías de transmisión,
y cómo evitarlas. El VIH se encuentra en todos
los fluidos corporales de un individuo infectado, pero
sólo en cuatro de ellos está en una concentración
suficiente como para transmitir la infección: sangre,
semen, fluido vaginal y leche materna. El contacto de
uno de estos cuatro fluidos infectantes con el torrente
sanguíneo o las mucosas de otra persona, es una
vía de transmisión.
El VIH tiene una vida muy corta fuera del organismo
(sólo sobrevive unas pocas horas), el oxígeno
atmosférico es letal para él, y no soporta
temperaturas superiores a los 60ºC. durante más
de 30 minutos. De igual forma, la exposición a
la lejía destruye el virus; otro tanto ocurre con
el alcohol si la exposición es de quince o más
minutos. Es necesario recordar que el VIH no se transmite
mediante picaduras de insectos o mordeduras de animales,
ni tampoco a través de sus heces u orina.
A nivel descriptivo, se pueden distinguir dos vías
de transmisión del VIH:
1) Transmisión vertical
Se habla de transmisión vertical del VIH en el
caso en que una madre infectada transmite la infección
a su hijo, en la gestación, parto o lactancia.
El VIH es un virus que tiene capacidad para atravesar
la placenta (que actúa como un filtro) y afectar
al feto.
Por otra parte, tanto la sangre como la leche materna
son fluidos infectantes: en el parto, el contacto del
niño con la sangre de la madre puede exponerle
a la infección; en la lactancia, la leche materna
en contacto con la mucosa de la boca y la garganta del
niño es un factor comprobado de riesgo para la
transmisión del VIH.
La futura madre infectada por el VIH debe tener en cuenta
que el riesgo se reduce considerablemente (de un 20% a
un 7-8%) si sigue un tratamiento antirretroviral, recurre
al parto por cesárea y sustituye la lactancia natural
por otra artificial.
2) Transmisión horizontal
Cuando se habla de transmisión horizontal nos
referimos a la transmisión sanguínea y a
la sexual.